Muchas veces, al terminar el concierto, propongo una rueda de preguntas hechas por los alumnos a los que estamos en escena. En todas las ocasiones se nos pregunta por “la dificultad” de estudiar un instrumento o si tal instrumento es más complejo que otro.
Mi respuesta es bien simple: hago una similitud entre la dificultad de un instrumento y la dificultad de pasar de un nivel a otro superior en un video juego. ¡Y es verdad! Si todo el tiempo invertido en pasar de nivel en un video juego lo invirtiéramos en la práctica de un instrumento, tendríamos diez orquestas en cada barrio de cualquier ciudad española. Muchas veces se asocia la Música al Solfeo y poco más. En Francia o en Inglaterra se utiliza la palabra “jugar” (to play, jouer) para designar lo que en español llamamos “tocar”. Está claro que en la imprecisión de nuestro vocablo y el aspecto lúdico del palabro francés o inglés radica el secreto de las ganas por “jugar” música.