Es cierto que anímicamente, la primera reacción es la de abandonar el barco o resignarse y hundirse con él, eso sí, dignamente, sin dejar de tocar.
Por otra parte aquel que vuelve a salir a flote adquiere una importantísima experiencia y una confianza en sí mismo mucho más consolidada que aquel que nunca ha tenido un traspiés. Hala pues, ¡ a achicar ¡
Dejando a un lado el símil naval y ciñéndonos a lo estrictamente educativo, puede que sea este el momento de replantearse el modelo educativo en su totalidad. Quizá por que los modelos educativos actuales no estén ya en sintonía con lo que el futuro depare a nuevas generaciones.
He aquí el enlace a una interesantísima conferencia de Sir Ken Robinson donde plantea lo importante de la creatividad y cómo una sociedad con un modelo “industrial” ya caduco se empeña en formar en valores que, quizá empiezan a estar ya desfasados….algo se mueve bajo nuestros piés.