lunes, 25 de noviembre de 2013

LA MUERTE DE LA PERSONA FÍSICA


Los autónomos somos la casta de auténticos supervivientes. Cada día forjamos nuestro futuro, resolvemos la incertidumbre. Nunca enfermamos, si tenemos que morir morimos en fin de semana y resucitamos los lunes. Respondemos con nuestros bienes. No como esos cobardes de “yoquesé manager” que hunden una empresa o un departamento y se van de rositas con una fabulosa indemnización. Respondemos de nosotros mismos. Si nos sale bien , se da por hecho. Si nos sale mal damos la cara, sin endilgar el marrón al de al lado, típico en esos directivos superdotados para la mediocridad. Ponemos precio a nuestro servicio, o sea , a nuestra cabeza, y últimamente nuestra cabeza apenas cubre el gasto de la guillotina.

Así somos las “Personas Físicas”.

En mi caso soy un autónomo que un buen día tuvo la maravillosa ocurrencia de trasladar lo que es una clase de música ideal a los escenarios. Además ricé el rizo introduciendo en mis conciertos nociones de Historia, Geografía, Sociología, cultural general o “gratuíta” que diría Federico Sopeña de quien tuve el honor de ser su discípulo. En fin, todo un lujo para alumnos y un refuerzo para profesores.

Pues bien. Obviamente esto, como todo, tiene un precio que en época de bonanza los colegios e instituciones públicas pagaban gustosamente teniendo además en cuenta que el precio era muy asequible. Nunca me dejé llevar por la borrachera de la burbuja económica y siempre he creído que el precio tiene que ser asequible. Pero, ojo, maticemos. Hay que tener conciencia de que es un trabajo que se cobra. Parece una obviedad pero todavía hay quien le cuesta aceptar que las actividades artísticas y educativas hay que pagarlas como el resto de actividades. Hace tiempo escribí un artículo sobre ello. Creo que fué de los primeros.

Volvamos al asunto de la persona física. 
Desde hace años se han ido multiplicando como setas, instituciones llamadas del tercer sector. Asociaciones “sin ánimo de lucro” y fundaciones.
Se supone que ofrecen un importante servicio a la comunidad ayudando a sectores desfavorecidos, excluídos de la sociedad, o desconocidos: enfermedades raras, personas con dificultades de incorporación a la sociedad, etc... La mayoría con una voluntad de servicio a la sociedad fuera de toda duda.

El problema es que algunas de ellas son auténticas empresas camufladas bajo la forma de asociación “sin ánimo de lucro”, que van mordisqueando subvenciones y donaciones en beneficio propio de sus componentes . Todo un arte de recaudar donaciones y subvenciones que claro está, revierten, en parte, en las obras sociales que por ley y según estatutos tienen que acometer.

He aquí que muchos autónomos, es decir, personas físicas, tienen que luchar con el “es que a mí una asociación me lo hace gratis”. Y vemos cómo nuestras cabezas ya no valen nada. Ni siquiera para ser cortadas por la guillotina, porque hay seguramente una asociación que las corta gratis.
Las empresas usan la fórmula del voluntariado como valor añadido al refuerzo de su imagen.
“Ponga un pobre en su mesa” que se decía antiguamente.
Los autónomos estamos siendo lentamente exterminados por ese tercer sector que está arrasando con lo de “te lo hago gratis”.
¿Tendré que morir físicamente y tranformarme en Asociación Carlos Bueno sin ánimo de lucro para poder sobrevivir? ¿Tendré que dejar de ser persona y transformarme en una "entidad"?
Tengo la sensación de en vez de ser el último mohicano, ser el último autónomo. 
Y encima, músico y pedagogo....
para más I.N.R.I.

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