Los autónomos somos la
casta de auténticos supervivientes. Cada día forjamos nuestro
futuro, resolvemos la incertidumbre. Nunca enfermamos, si tenemos que
morir morimos en fin de semana y resucitamos los lunes. Respondemos
con nuestros bienes. No como esos cobardes de “yoquesé manager”
que hunden una empresa o un departamento y se van de rositas con una
fabulosa indemnización. Respondemos de nosotros mismos. Si nos sale
bien , se da por hecho. Si nos sale mal damos la cara, sin endilgar
el marrón al de al lado, típico en esos directivos superdotados para la mediocridad. Ponemos precio a nuestro servicio, o sea , a nuestra cabeza, y últimamente nuestra cabeza apenas cubre el gasto de la guillotina.
Así somos las “Personas Físicas”.
En mi caso soy un
autónomo que un buen día tuvo la maravillosa ocurrencia de
trasladar lo que es una clase de música ideal a los escenarios.
Además ricé el rizo introduciendo en mis conciertos nociones de
Historia, Geografía, Sociología, cultural general o “gratuíta”
que diría Federico Sopeña de quien tuve el honor de ser su
discípulo. En fin, todo un lujo para alumnos y un refuerzo para
profesores.
Pues bien. Obviamente
esto, como todo, tiene un precio que en época de bonanza los
colegios e instituciones públicas pagaban gustosamente teniendo
además en cuenta que el precio era muy asequible. Nunca me dejé
llevar por la borrachera de la burbuja económica y siempre he creído
que el precio tiene que ser asequible. Pero, ojo, maticemos. Hay que
tener conciencia de que es un trabajo que se cobra. Parece una
obviedad pero todavía hay quien le cuesta aceptar que las
actividades artísticas y educativas hay que pagarlas como el resto
de actividades. Hace
tiempo escribí un artículo sobre ello. Creo que fué de los
primeros.
Volvamos al asunto de la
persona física.
Desde hace años se han ido multiplicando como setas, instituciones llamadas del tercer sector. Asociaciones “sin ánimo
de lucro” y fundaciones.
Se supone que ofrecen un
importante servicio a la comunidad ayudando a sectores
desfavorecidos, excluídos de la sociedad, o desconocidos:
enfermedades raras, personas con dificultades de incorporación a la
sociedad, etc... La mayoría con una voluntad de servicio a la
sociedad fuera de toda duda.
El problema es que
algunas de ellas son auténticas empresas camufladas bajo la forma de
asociación “sin ánimo de lucro”, que van mordisqueando
subvenciones y donaciones en beneficio propio de sus componentes .
Todo un arte de recaudar donaciones y subvenciones que claro está,
revierten, en parte, en las obras sociales que por ley y según
estatutos tienen que acometer.
He aquí que muchos
autónomos, es decir, personas físicas, tienen que luchar con el “es
que a mí una asociación me lo hace gratis”. Y vemos cómo
nuestras cabezas ya no valen nada. Ni siquiera para ser cortadas por la guillotina, porque hay seguramente una asociación que las
corta gratis.
Las empresas usan la
fórmula del voluntariado como valor añadido al refuerzo de su
imagen.
“Ponga un pobre en su
mesa” que se decía antiguamente.
Los autónomos estamos
siendo lentamente exterminados por ese tercer sector que está
arrasando con lo de “te lo hago gratis”.
¿Tendré que morir
físicamente y tranformarme en Asociación Carlos Bueno sin ánimo de
lucro para poder sobrevivir? ¿Tendré que dejar de ser persona y transformarme en una "entidad"?
Tengo la sensación de en vez de ser el
último mohicano, ser el último autónomo.
Y encima, músico y
pedagogo....
para más I.N.R.I.