Esta mañana de 12 de
Noviembre he ofrecido un concierto para alumnos de secundaria cuya
temática era en principio sobre el Jazz. El repertorio constaba de
standarts de Jazz, y un interesante tema de G. Mulligan (North
Atlantic Run), teniendo en cuenta que para la ocasión tocaba el
saxofón barítono.A mi lado, Ramón Leal , Javier Morgado y el
venerable maestro J.Luis Yagüe.
Al empezar uno de mis
conciertos siempre comento lo que se va a escuchar y cómo se va a
enfocar. Pues bien, esta mañana el concierto que en principio iba a
ser un apacible paseo por la historia del Jazz, se convirtió en un
interesantísimo recorrido sobre el tema siguiente:
la vergüenza que nos
produce el hecho de cantar en público.
Las preguntas eran
sencillas:”Alguien se siente capaz de subir a este escenario, dar
su nombre , apellidos y un breve comentario sobre alguna actividad
que desarrolle?” A esta primera, no hubo dudas. Todos levantaron la
mano. Todos se sentían capaces de hacerlo.
“¿Alguien se siente
capaz de subir a escena y cantarnos algo?” Nadie levantó la mano.
Me confesaron que sentían vergüenza.
A
esta reacción surge inevitablemente el...¿y por qué?. La respuesta
fué instantánea: por miedo a equivocarse y a hacer el ridículo.
Sobretodo a hacer el ridículo.
Fue
entonces cuando el concierto que tenía planeado cambió de rumbo y
cobró un sentido especial.
Mostré
de qué maneras puede confundirse un músico sin que por ello se eche
todo a perder. Antes de iniciar Autumn Leaves tuve la osadía de
cantarla sin ningún pudor, eso sí procurando entonarla lo mejor que
pude.
Al
final del concierto una profesora nos ayudó a componer un tema in
situ y comprobó la sensación que se tiene en un escenario rodeada
de música.
Aun con todo ello , sólo mostré que hasta en música errare humanum est pero dejé en el aire la respuesta a la pregunta de por qué nos da vergüenza cantar.
Tengo
que agradecer sinceramente a los alumnos y profesores del colegio San
Pablo CEU por el tema de estudio tan apasionante que me han brindado
esta mañana. Una mañana cargada de respeto, atención y total
entendimiento. Una interesante mañana de música y preguntas por
resolver ¿Qué más se puede pedir?